martes, 19 de julio de 2011

prólogo

                 
                                    
                      Prólogo



Teras, estaba en el cenit de su viaje alrededor del círculo celeste, tiñendo de rojo el paisaje; los árboles se precipitaban a gran velocidad sin dejar una sola huella en su retina, los cascos del semental producían una lluvia de lodo sobre su amo, el sudor bañaba sus cuerpos y el cansancio, hacia horas, que dejó de ser un dolor sordo que recorría todo su cuerpo. Las flechas silbaban a escasos centímetros de su cuerpo,  entremezclando  y fundiéndose con el entorno, allá a dónde dirigiera su mirada lo único que abarcaban sus ojos eran salidas sin ninguna posibilidad de escapar, rodeada… detuvo a su bestia, y empezó a entonar El Cántico de los Mayores, acarició a Hyarmendacil, para tranquilizarlo. Y su voz se deslizó entre la oscuridad de la noche, como una cascada cristalina:
-Abbailuvar, Sh´avhallá dáes kyermë meneld tuom s´htàes dèal lan mindon qüi oniòn kemen tà menel láhvva wanneressëa ettul däe…
Los juegos de sombras comenzaron a variar de intensidad y los matices y luces bailando al compás de una melodía oculta para cualquier oído de mortal, espectros y descargas de energía, cargaban el aire de una magia ancestral cargada de poder tempestuoso, difícil de controlar. Súbitamente, toda la fuerza arcaica e indómita comenzó a fusionarse de manera tumultuosa en una vorágine consumada por un haz de luz vertical que, señalaba el Reencuentro de Las Tres Lunas.
Aproximando su cabeza a la de Hyarmendacil, le dijo –ya está hecho, ahora, solo te pediré un último favor, amigo mío, luchemos juntos una vez más y entonces podremos descansar en el seno de nuestros ancestros. el caballo parecio entender sus palabras y asintió con su cabeza.
Bestia y amazona se abalanzaron sobre los sorprendidos soldados, abriendo una brecha en sus filas y dejando trás de sí, un reguero de muerte y dolor.
                                                    
                                                                           ******
Errar por los caminos, su fe ajada y traicionada, por lo mismos que se la entregaron. Ahhh!! el destierro de su existencia clama soledad, y su angustia va asfixiandolo  lentamente. Un destino que no es el suyo,se ve forzado a aceptarlo sin poder renegar de él. Vaga por los caminos imaginando se muy lejos de aquél lar. Erró entre los troncos de los árboles de ese bosque espeso y tupido,observando la espesura, desorientado y sin saber donde estaba, vagó por el bosque con movimientos erráticos, dejandose llevar a la deriva. anochecía, y poco a poco las sombras se adueñaban de su reino, deslizandose lentamente engullendolo todo a su paso. La luz de las tres lunas se difuminaba al paso que se internaba màs en la espesura, y el bosque parecía cobrar vida. intimidado y sin atreverse a parar, continuó vagando. De pronto unas ramas empezaron a temblar y emergio una figura detrás de lo que parecia un esplendido ejemplar. Era una bestia colosal, nada parecido a cualquier caballo que jamás hubiera contemplado. En sus ojos brillaba una inteligencia ancestral. La figura que asomó detrás, era estilizada, con suaves curvas, una capucha que ocultaba sus facciones. No era alta ni baja, flaca y aunque andaba encorvada su andar reflejaban fuerza y determinación.
Ambos se quedaron mudos, contemplándose con desconfianza.
Aquella amazona le recorrió el cuerpo con sus ojos de fuego, mientras a lo lejos se oía el eco de una partida de búsqueda.
 - ¿Quién eres?
 - ¿Qiuén eres tú?
 - Te he hecho una pregunta, ¡Contesta!



No hay comentarios:

Publicar un comentario